(sobre la purga que se avecina ante la inacción de los actores)

Me invitaron al simposio de empresarios lecheros de la revista Infortambo, el viernes 28 de abril en el hotel Cosmos 100 de Bogotá, para hablar en el panel sobre los desafíos de la exportación de leche y sus derivados. Escribo estas memorias ante la imposibilidad de construir diálogos entre las partes. En doce años de trabajo en el sector lácteo he visto que no es posible superar la discusión sobre el precio de la leche, sobre si se debe o no exportar, y mientras ganaderos e industriales hablan desde dos orillas opuestas, el mercado cambió y se llevará por delante a todos aquellos que no se prepararon para las nuevas reglas de juego.

¿Por qué cambió el panorama sectorial? La respuesta se encuentra en tres situaciones. En primer lugar, por la apertura de la economía colombiana. Es común oír en foros ganaderos voces de antaño que piden control de precios y altos aranceles, aquellas mismas medidas que durante décadas sumergieron al sector lácteo en la ineficiencia, la mala calidad y en los bajísimos niveles de consumo; muchos esperan todavía que el ministro de agricultura anuncie el 1º de enero el precio de venta de la leche para el año que inicia. Ese período proteccionista acabó, así guste o no.

En segundo lugar y derivado del punto anterior, por la internacionalización de la economía colombiana. Las reglas de juego son diferentes ahora y la economía colombiana se conecta con las de distintos países, y la competencia internacional crece en el país. Colombia cuenta con más de 20 acuerdos comerciales vigentes, sin embargo las exportaciones son coyunturales y marginales, mientras que las importaciones de productos lácteos aumentan año a año. Y esa tendencia llegó para quedarse. Las importaciones crecen en la medida que lo hacen los contingentes de importación  negociados con Estados Unidos, la Unión Europea, Mercosur, México, Chile, etc. En pocos años tendremos libertad de mercado y todo anhelo de proteccionismo quedará bajo tierra.

En tercer lugar, por el cambio en la comercialización. Los formatos de bajo costo están en auge en el país, como sucede en el mundo entero, y esto conlleva a una competencia constante de precios bajos, lo cual entra en conflicto con la regulación de precios mínimos. Es solo cuestión de tiempo para que algún comercializador decida importar los productos lácteos terminados. De hecho ya sucede con el mercado de nicho de los quesos madurados. Se avecinan tiempos difíciles y aquí se sigue discutiendo sobre el precio de la leche.

Política láctea

¿Qué podemos hacer para revertir esta situación? Asoleche propone la ejecución de una política láctea dentro de un proceso de construcción colectiva, involucrando a los actores en todos los niveles, con cuatro elementos a considerar:

1.Voluntariedad, generando acuerdos de mutuo consentimiento entre ganaderos e industriales lácteos, para el fomento de la exportación; 2. Contratos de proveeduría, que formalicen la relación entre industria y ganaderos, y con base en un modelo de contrato avalado por el Consejo Nacional Lácteo; 3. Enfoque en ingreso neto, no en precio del litro de leche, para promover una mayor producción con menores costos, que se refleje en mayores ingresos para el productor de leche; 4. Asistencia técnica, cuyo impacto se mida en gestión y productividad en litros por hectárea y no en ganaderos capacitados en un aula de clase.

El sector lácteo cambió y pasó de una economía cerrada a una abierta en un corto periodo de tiempo. Está en nuestras manos tomar las decisiones que permitan su crecimiento y sostenibilidad. Sin embargo parece que el statu quo es la mejor alternativa para muchos. Se equivocan y el tiempo lo demostrará.

Jorge Andrés Martínez

Director ejecutivo ASOLECHE