El crecimiento y desarrollo de los niños depende de muchos factores; entre ellos, una nutrición balanceada es sin duda uno de los principales. La nutrición adecuada no solamente potencia el crecimiento a corto plazo, sino que sus efectos son perdurables y observables a través del tiempo. El destete de los lactantes es un periodo crítico en el que puede ocurrir una deficiencia de nutrientes, debido a una gran variedad de factores (neofobia a los nuevos alimentos, consumo subóptimo de nutrientes, comportamiento exigente con ciertos alimentos, etc.) por lo que el uso de alimentos fortificados constituye una de las principales medidas para suplir los nutrientes deficientes. Es importante tener en cuenta que la fortificación de los alimentos se refiere a la adición de minerales como hierro y zinc, vitaminas, ácidos grasos esenciales, prebióticos y probrióticos1.

A nivel mundial la desnutrición y la anemia infantil (de lactantes y preescolares) es un problema de salud pública, aproximadamente el 50% de los niños menores de cinco años cursan con esta patología. La principal causa es la deficiencia nutricional, debido a los altos requerimientos energéticos en los tres primeros años de vida, cuando se presenta una alta tasa de crecimiento y hematopoyesis, que se traduce en una alta tasa metabólica y de consumo2. A nivel clínico el crecimiento y desarrollo se mide a través de medidas antropométricas, de las cuales las más comúnmente utilizadas son la talla y el peso, la relación entre estas según la edad, así como su relación individual con esta. Otro indicador de bienestar nutricional es el hierro sérico, dada su relación con la anemia. Estos indicadores se utilizan en la mayoría de los estudios sobre las medidas empleadas para un crecimiento y desarrollo adecuados1.

Cuando esas mediciones indican una deficiencia nutricional, una alimentación que supla los requerimientos nutricionales es la mejor opción para afrontar las deficiencias. Sin embargo, los factores comportamentales, los altos costos de implementación de campañas de este tipo y la frecuencia hacen que esta medida no sea efectiva, por lo que se ha recurrido a otras opciones. Uno de los alimentos más aceptados por los niños y, por tanto, uno de los más utilizados a nivel mundial es la leche de vaca. La leche aporta calcio, proteínas, entre otros nutrientes, por lo que es una fuente energética importante. La OMS dentro de sus guías para la nutrición infantil, recomienda el uso de alimentos

fortificados. Teniendo en cuenta esta recomendación de la OMS y las características de la leche y la alta aceptación por parte de los niños), esta se ha constituido como la base de los alimentos fortificados. Esta recomendación ha sido ampliamente adaptada en los países en vía de desarrollo como política de salud pública en el campo de la salud infantil1,2.

Los estudios sobre los beneficios de los alimentos fortificados han aumentado con los años; por ejemplo, Matsuyama, et al., llevaron a cabo un metanálisis, en 2016, en el que se buscó la relación entre el consumo de leche fortificada y los efectos sobre el crecimiento y desarrollo infantil. Como primer hallazgo se concluyó que la leche fortificada no aumenta de manera negativa el peso y la talla, por lo que la obesidad y el sobrepeso no se encuentran dentro de los riesgos del consumo de este alimento. Gracias a la alta aceptación de este alimento entre los niños, la adherencia al consumo de leche fortificada es una de las principales ventajas frente a otras intervenciones, que alcanza un 89,4% vs. un 4% de adherencia en intervenciones como el consumo de carne roja. Otro de los principales marcadores utilizados para medir el efecto de la leche fortificada fue el hierro. Se encontró un aumento estadísticamente significativo en los grupos de leche fortificada con respecto a la hemoglobina y la ferritina, así como disminución del riesgo de anemia. Otros resultados valorados fueron el Zinc, sin encontrar diferencia estadísticamente significativa; por el contrario, de la Vitamina D, se encontró un aumento en su concentración sérica en el grupo de leche fortificada1.

Tabla 1: Composición de la leche fortificada utilizada en estudio Sazawal et al. Adaptado de Sazawal et al (2).

En un estudio realizado por Sazawal et al., en 2010, con 633 participantes se determinó el efecto del consumo de leche fortificada (ver Tabla 1 sobre la composición nutricional de la leche fortificada utilizada) por 1 año vs consumo de leche natural. Se observó un aumento en las curvas de crecimiento según los parámetros: talla/edad, peso/edad y talla/peso, por otro lado, se determinaron las reservas de hierro encontrando repleción de estas en los niños que recibieron leche fortificada, como efecto subsecuente, en un 88% se disminuyó la anemia ferropénica, con un aumento consecuente de la hemoglobina con una diferencia media de 13,6 g/l (IC 95% 11,1-16,0 p < 0,001)2.

Otro estudio, realizado en la India por Kuriyan et al., en 2014, muestra el efecto del consumo de la leche fortificada, en una población de mayor edad con respecto a los estudios anteriormente descritos, siendo una población de 7 a 10 años. En este estudio se tuvo en cuenta su desempeño cognitivo además de las medidas antropométricas como indicadores del crecimiento y el desarrollo, dado que se ha demostrado que la deficiencia de micronutrientes como el grupo de la vitamina B, el calcio, el hierro o el zinc produce alteración de funciones como la memoria a corto plazo y la atención. Se trató de un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado, con población (n= 227) saludable de origen socioeconómico bajo-medio, con una duración de 5 meses. Las evaluaciones realizadas incluyeron: niveles de vitamina B12, hemograma, antropometría, desempeño físico y cognitivo. Los resultados mostraron aumentos de peso y talla similares entre los dos grupos, mientras que el hemograma, la vitamina B12 y la tiamina mostraron valores favorables para el grupo de la intervención. Se comprobó una disminución en el riesgo de anemia. En cuanto a la función cognitiva, se encontró mejoría notoria desde la línea de base; sin embargo, no diferencia significativa entre los dos grupos, constituyéndose como interrogante dentro del estudio, por lo que se halló como explicación a este fenómeno que en sí misma la leche aporta calorías, proteínas y minerales, como el calcio, que mejoran la función cognitiva independientemente de su fortificación3.

Otros elementos utilizados en la fortificación de alimentos son prebióticos y probrióticos, dada su clara relación con la función absortiva intestinal e inmunológica. Xuan et al., en 2013, llevaron a cabo un estudio durante 5 meses en el que se buscó el efecto de la leche fortificada con estos microorganismos en población vulnerable de 18-36 meses en el país

de Vietnam. Fueron incluidos 368 participantes, aleatorizados en dos grupos, 196 en el grupo control y 172 en el grupo intervenido. Se encontró un aumento estadísticamente significativo en la IgA sérica, Hb y vitamina A. Por otro lado, a nivel del crecimiento, se encontró un alza en talla y peso y se observaron cambios dentro de un período corto de 2,5 meses. La función inmunológica fue evaluada mediante la incidencia de infecciones en los dos grupos, se encontró una reducción significativa en la tasa de infecciones respiratorias (altas y bajas) y de origen intestinal4.

Dado lo expuesto, se concluye que:

* Una nutrición adecuada es fundamental para un crecimiento y desarrollo adecuados1,2.

* La fortificación de alimentos, como la leche, consiste en el aumento o la adición de ciertos componentes como minerales, vitaminas, proteínas o bacterias1.

* El consumo de leche fortificada aumenta la talla y el peso, dentro de las metas establecidas según la edad2.

* El consumo de leche fortificada es una medida frente a la desnutrición y la anemia con adherencia muy elevada1.

* La leche fortificada produce aumento de la hemoglobina y de las reservas de hierro2.

* La leche fortificada aumenta la concentración de tiamina y vitamina B123.

* La fortificación de la leche con pre y probióticos protege frente a las infecciones principalmente respiratorias y gastrointestinales4.

* El consumo de leche fortificada aumenta la IgA y vitamina A4.

Referencias

1. Matsuyama M, Harb T, David M, et al. Effect of fortified milk on growth and nutritional status in young children: a systematic review and meta-analysis. Public Health Nutr. 2016;20(07):1214-1225.

2. Sazawal S, Dhingra U, Dhingra P, et al. Micronutrient fortified milk improves iron status, anemia and growth among children 1–4 years: a double masked, randomized, controlled trial. PLoS One. 2010;5(8):e12167.

3. Kuriyan R, Thankachan P, Selvam S, et al. The effects of regular consumption of a multiple micronutrient fortified milk beverage on the micronutrient status of school children and on their mental and physical performance. Clinical Nutr. 2016;35(1):190-198.

4. Xuan N, Wang D, Grathwohl D, et al. Effect of a growing-up milk containing synbiotics on immune function and growth in children: a cluster randomized, multicenter, double-blind, placebo controlled study. Clin Med Insights Pediatr. 2013;7:49-56.